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Cuando hablamos de osteoporosis nos referimos a una enfermedad caracterizada por una disminución de la masa ósea que condiciona un hueso frágil y el aumento del riesgo de fracturas. Antes de nada, deberíamos preguntarnos si es posible llegar a prevenir la dolencia.

Existe una íntima relación entre la edad y la pérdida ósea, siendo la osteoporosis la enfermedad metabólica ósea más frecuente en ancianos. Afecta a una de cada cinco mujeres mayores de 45 años y a cuatro de cada diez mayores de 75 años. Por tanto, podemos afirmar que el envejecimiento va en contra de nuestros huesos.

Aun con todo, hay una serie de medidas no farmacológicas para prevenir esta enfermedad. En cualquier etapa de la vida, una dieta equilibrada con una adecuada cantidad de calcio, vitamina D y proteínas contribuye a mantener un hueso sano. Los productos lácteos constituyen la fuente más sencilla y segura de obtener calcio. Cuando sea posible, una adecuada exposición al sol, durante unos 10-15 minutos diariamente, evitando las horas de máxima irradiación solar (antes de las 11 de la mañana o después de las 5 de la tarde), constituye la mejor manera de obtener vitamina D por medio de la piel.

Por otra parte, se aconseja a los pacientes que limiten el café a 1-2 tazas al día, dado que varios estudios han demostrado una asociación entre el consumo de cafeína y el riesgo de fracturas. La ingesta de café produce un descenso en la absorción intestinal de calcio e incrementa su eliminación a través de la orina.

Dejar de fumar es probablemente la única norma sanitaria recomendable y aplicable a toda la población. El consumo del tabaco aumenta el riesgo de padecer osteoporosis y fracturas por fragilidad. Asimismo, debe moderarse el consumo de alcohol.

Es aconsejable realizar ejercicio físico adecuado al estado de salud de cada uno, siendo lo ideal caminar en llano al menos durante 1 hora diaria. Incluso en pacientes que ya presentan la enfermedad, se ha comprobado que realizar ejercicio de manera constante mejora su calidad de vida, particularmente en lo que se refiere a función física, dolor, mejora la fuerza muscular y equilibrio. El ejercicio moderado debe ser continuo porque el efecto beneficioso se pierde al suspender el mismo. Los ejercicios de fuerza, que aumentan la masa muscular, junto con los de carga -un gran estímulo para remodelar el hueso- son también muy beneficiosos. Está científicamente demostrado que la densidad mineral ósea es mayor en una persona que hace ejercicio y menor en los que hacen ejercicio leve o no lo practican.

La clave, en definitiva, se resume en:

- Sí a la buena alimentación y al deporte.

- No a la cafeína, el tabaco y la ingesta de alcohol.

Todas estas medidas preventivas son fácilmente aplicables si queremos evitar o moderar la aparición de la osteoporosis en nuestros huesos. Por tanto, ya sabéis, más vale prevenir que curar.

Todos tenemos probabilidades de padecer una enfermedad mental a lo largo de nuestra vida, al igual que ocurre con otros tipos de enfermedades. Padecerla no debería ser un impedimento para poder aspirar a tener una buena calidad de vida y estar integrado en la sociedad a la que se pertenece.

Las personas que sufren enfermedades mentales graves y crónicas padecen una compleja problemática sociosanitaria que no se reduce a la sintomatología psicopatológica que presentan, sino que también afecta a otros aspectos como su funcionamiento psicosocial, su integración social y laboral y su participación en la comunidad. Por ello es necesario, para una adecuada atención a la persona que sufre este tipo de enfermedades, ofrecer un tratamiento integral que aúne los aspectos bio-psico-sociales que se ven afectados por las mismas. Este tratamiento estará constituido por una adecuada medicación que reduzca los síntomas, a la par que se promoverán programas de rehabilitación psicosocial y apoyo social que les ayuden a recuperar o adquirir las capacidades y habilidades necesarias para vivir y relacionarse en la comunidad.

Cada persona es única y su forma de vivir la enfermedad, también. Es por eso que, al ingreso de una persona en nuestros centros, lo primero que hacemos es una valoración interdisciplinar a partir de su historial (informes clínicos, es decir, su propia historia de vida que se verá complementada por lo que nos aporte su familia) y la evaluación que cada uno de los profesionales vamos a realizar. En este primer momento tendremos en cuenta su diagnóstico y las áreas a cuyo normal desempeño afecta su enfermedad, las capacidades que mantiene y sus expectativas, así como las de la familia que le acompaña en el ingreso. A partir de ese momento el plan de intervención será diseñado entre todos, atendiendo a la información recabada desde las distintas áreas profesionales.

El tratamiento farmacológico ayudará a paliar síntomas y mantener una estabilidad que permita realizar un trabajo psicoterapéutico de identificación de síntomas, reconocimiento de distorsiones cognitivas, resolución de conflictos, rehabilitación cognitiva, entrenamiento en habilidades sociales, reducción del estré, etc. Otro aspecto que se aborda en este trabajo es el de las áreas de terapias rehabilitadoras, que incluyen el desempeño social, autocuidado, autonomía en el manejo de dinero, transportes, toma de decisiones, relaciones interpersonales y planificación y disfrute del ocio y tiempo libre.

La coordinación con recursos comunitarios facilitará tejer una red de apoyos sociales que le permita apoyarse en su vuelta al domicilio. Al considerar al paciente como un todo integrado en su entorno familiar y social, el trabajo que realizamos debe abarcar todos estos ámbitos para lograr su mejoría. En este recorrido el protagonista será siempre el paciente, que estará involucrado en su proceso de mejora y nos irá marcando ritmos y exigencias, mientras que su familia irá acompañando el proceso y adquiriendo habilidades para cuando sea posible el regreso a su entorno habitual.

Para muchas familias, el momento en el que no pueden cuidar de una persona mayor supone un mar de dudas. ¿Cómo atenderlo adecuadamente si no tienen tiempo o los recursos necesarios? ¿Qué alternativas existen? ¿Cómo afrontar las distintas fases del envejecimiento o el deterioro cognitivo?

Con el fin de responder estas preguntas nació la iniciativa Escuela de Familias en Geriatros Valdemoro, en la que resolvemos dudas sobre el envejecimiento. La Escuela se sustenta en la idea de que las residencias no solo atienden a las personas mayores, sino también a sus familiares. Gracias a la orientación, apoyo y acompañamiento que se ofrece, los profesionales que dirigen el taller constatan que los familiares se encuentran reconfortados al resolver sus dudas sobre cuestiones relacionadas con la vejez.

El taller, que comenzó en 2013, se realiza cada quince días bajo premisas de psicoterapia, psicoeducación y ayuda mutua, donde la profesional del centro guía a los familiares y los forma sobre cómo afrontar el envejecimiento como una etapa más de la vida. Durante este tiempo ha constatado que estas son las cuestiones más destacadas que cualquier familiar puede plantearse.

? ¿De qué recursos disponen las familias para atender a sus mayores cuando ellos no pueden ser los cuidadores principales?
En una fase inicial las familias pueden atender a sus mayores, pero también debe tenerse en cuenta qué es lo más conveniente en función del estado físico y cognitivo de la persona. Por ello, pueden plantearse los siguientes recursos asistenciales: ayuda a domicilio, centro de día, o bien estancia temporal -para una rehabilitación, por ejemplo- o permanente en una residencia. Tengamos en cuenta que adaptar un hogar a las necesidades de una persona con movilidad reducida resulta muy costoso, mientras que un centro de día o una residencia cuentan con espacios específicamente adecuados, además de profesionales especializados para atender los aspectos sociosanitarios que escapan a los conocimientos de los familiares.

? Una de las alternativas que se sopesan en las familias para el cuidado de sus mayores son las residencias. Algunas personas experimentan un sentimiento de culpabilidad al optar por ingresar a su ser querido en un centro, ¿cómo se logra eliminar esta sensación?
Inicialmente muchas personas pueden sentir culpabilidad al tener el pensamiento equivocado de que "abandonan" a su ser querido y les pueden surgir dudas sobre si estará igual de bien cuidado que en su casa. Lo que hacemos en el taller es minimizar este sentimiento desde la raíz, abriéndoles las puertas y enseñándoles las atenciones sociosanitarias que se ofrecen, mostrándoles de manera empírica y racional que su ser querido está en manos de personas con amplia experiencia en atención no solo sanitaria, sino también psicológica, porque somos personas que tratan con personas. A nivel psicológico se reduce el malestar ocasionado generalmente por pensamientos irracionales, hasta eliminarlo mediante psicoterapia en sesiones de ayuda mutua y puesta en común de conflictos internos resueltos. Hemos comprobado que al exponer una situación ante otros que viven una experiencia similar, la serenidad y normalización se incrementan.

? ¿Qué enfoque se debe tener sobre el envejecimiento?
Se tiende a pensar en el envejecimiento como un cambio negativo, y esto es un error. Si bien la idea de la pérdida, en efecto, es real y más tangible que en el caso de un adolescente, trabajamos en transmitir que envejecer es otra etapa de nuestra vida en la que hay ganancias y pérdidas, y que una de las maneras de asimilarlo es de un modo natural y sereno, al igual que ocurre con la adolescencia o la entrada en la edad adulta. La vejez significa muchas más cosas de las que comúnmente se piensa y que se reducen a aspectos negativos. Sumar años equivale a experiencia, afecto acumulado y recuerdos. Limitar el concepto al fin de la vida es frustrante para el familiar, ya que no disfruta del momento presente en el que la persona todavía está a su lado.

? ¿Cómo afrontar el deterioro asociado al envejecimiento?
Lo más beneficioso sería enfocarlo con naturalidad y aceptación, a las que se llega mediante la adquisición de conocimientos sobre la situación de nuestro ser querido, de modo que la racionalidad nos dé la sensación real de control sobre lo que acontecerá. Gracias a la puesta en común con otras personas que están pasando por la misma situación y el asesoramiento de profesionales se llega a normalizar y entender cada etapa vital, al tiempo que se prepara para afrontar el duelo de la manera más serena. Intentamos que los familiares disfruten del momento lo máximo posible, y esto es algo que se traslada en psicología a cualquier otra faceta vital: tendemos a vivir en el pasado -lamentándonos por un error cometido, sin lograr salir adelante- o en el futuro -por miedo irracional a lo que vendrá-. Vivir y disfrutar el presente ayuda a reducir este malestar.

? ¿Cómo puede un familiar asimilar con naturalidad los síntomas de un proceso de demencia?
El personal de las residencias se forma constantemente para tener en cuenta las diferentes fases de deterioro cognitivo que se pueden alcanzar, al tiempo que realiza una supervisión de los residentes. Es importante comunicarlo porque muchos familiares sienten desconfianza sobre los cuidados que recibe su ser querido. Lo que aconsejamos en las sesiones de Escuela de Familias es que acudan a nosotros, los profesionales formados en psicología, para formarse y documentarse sobre las dolencias conocidas actualmente, su sintomatología y cómo afecta a la conducta de la persona que la padece. Una vez sabido todo ello, se explica al familiar cómo reaccionar ante las posibles situaciones como consecuencia del deterioro cognitivo. Hacemos especial hincapié en resaltar que no todas las personas van a reaccionar igual y por ello, no todos los que tratamos con ellos tendremos que actuar de la misma manera, por lo que se establecen pautas de actuación específicas para cada una de las situaciones que se presentan en la labor del departamento de psicología.

Los anticoagulantes son un firme aliado contra las arritmias, que son problemas del ritmo de los latidos del corazón. Durante una arritmia el corazón puede latir demasiado rápido (taquicardia), demasiado despacio (bradicardia) o de manera irregular.

La mayoría de las arritmias son inofensivas pero algunas pueden ser graves e incluso poner en peligro la vida. Se dan especialmente en uno de cada tres ancianos hospitalizados, sea cual sea la causa de esa hospitalización.

Por tanto, el riesgo aumenta a medida que se envejece y también influyen en la probabilidad otros factores como la hipertensión arterial, la diabetes, la insuficiencia cardíaca o el infarto de miocardio.

Tras esta explicación llegamos al tratamiento. El ideal sería revertir la arritmia (con fármacos o realizando una cardioversión eléctrica) para conseguir que el corazón volviera a latir acompasadamente. La reversión arrítmica, que puede conseguirse en personas jóvenes, es poco probable en las personas mayores, por lo que el tratamiento habitual es el uso de los consabidos anticoagulantes orales. Estos evitan que se formen trombos en el corazón, pero ojo, también interfieren en la coagulación normal de la sangre cuando existe una herida o un sangrado por cualquier otra causa (como un sangrado digestivo, por ejemplo). Cuando, por la razón que sea, se produce una sobredosificación y, como consecuencia, un sangrado o un riesgo de sangrado, se administra un “antídoto”, la vitamina K, que contrarresta los efectos.

Los anticoagulantes son muy efectivos para prevenir pero, desgraciadamente, no todas las personas mayores se benefician de ellos debido a múltiples causas entre las que podemos mencionar las siguientes: presencia de otro tipo de enfermedades incompatibles con este tratamiento, alteraciones renales y/o hepáticas o existencia de deterioro cognitivo o funcional, con mayor riesgo de caídas que pueden suponer hemorragias.

Para poder emplearlos con eficacia hay que eliminar el miedo a las complicaciones en las situaciones descritas y registrar las incompatibilidades en la historia clínica del paciente. Estas limitaciones influyen negativamente para prescribirlos a personas mayores, por lo que se opta por la utilización de otros medicamentos más sencillos de manejar, aunque no sean tan eficaces, como los “antiagregantes”, de los que el más conocido es la aspirina.

En la actualidad, disponemos de nuevos anticoagulantes orales, con un perfil farmacológico más previsible, con un inicio de acción más rápido, una ventana terapéutica más amplia –no necesita controles de coagulación– y con menos interacciones con otros medicamentos, por lo que es más sencillo fijar una dosis diaria, lo que, en el caso de personas mayores, los convertiría en un fármaco muy adecuado.

En definitiva, podemos confiar en los anticoagulantes, siempre bajo una supervisión exhaustiva de las contraindicaciones e incompatibilidades descritas.

Recientemente, los medios de comunicación han señalado el omeprazol como un medicamento peligroso, cuestión sobre la que considero que deberían hacerse algunas aclaraciones. Tenemos que estar alerta ante su uso indiscriminado, prestando atención a las pautas y necesidades del paciente. Actualmente, el 10 % de la población está tomando este medicamento; es el segundo más empleado en España, tras el paracetamol y por encima del ibuprofeno. Este porcentaje hace pensar que probablemente en un tercio de los casos no esté indicado su uso.

Atendiendo a su origen, se trata de un medicamento cuya investigación se inicia a mediados de los años 60. Estos estudios dieron como resultado en 1979 lo que conocemos como omeprazol o inhibidor de bomba de protones. La composición actúa sobre unas células presentes en estómago, conocidas como células parietales, que son las productoras del acido gástrico, e inhiben el mecanismo de su liberación al estómago.

Se trata de un fármaco muy seguro y eficaz para el tratamiento de la úlcera péptica y duodenal, esofagitis por reflujo y síndrome de Zillinger-Ellison (cuadro productor de hipergastrinemia). Gracias a su empleo, se consigue que a día de hoy sea algo anecdótico el proceso operatorio de úlceras gástricas, algo que era necesario casi siempre hace veinticinco años.

Si bien sus usos terapéuticos son muy apropiados, el problema de la llamada "omepralización" de España viene por su poder como protector gástrico frente a medicación más agresiva para la mucosa estomacal, lo que ha supuesto que se generalizase su toma de forma preventiva. A este factor se unió la eficacia y el fácil acceso de la población al medicamento sin prescripción médica.

A pesar de ser un buen producto, como he comentado anteriormente, el uso del mismo de forma prolongada, y, sobre todo, a altas dosis, puede provocar algunos efectos secundarios o indeseables. Entre ellos se encuentran posibles casos de daños cerebrales, plasmados en cansancio y debilidad, anemias o demencias. Todos estos efectos adversos fueron testados por un estudio epidemiológico publicado en la revista �??Journal of the American Medical�?�, en el que se refleja que la gente que toma omeprazol durante dos o más años tiene un 65% de riesgo de tener un déficit de B12, que provoca tales efectos indeseables. La causa radica en la disminución de la acidez gástrica del estómago, una acidez, por otra parte, necesaria para la liberación de la vitamina B12 de los alimentos y su posterior adecuada absorción.

Si bien hay que tener en cuenta los resultados epidemiológicos de dicho estudio, esto no conlleva que el medicamento no se pueda emplear, ya que es extremadamente seguro.

El problema puede encontrarse en los pacientes polimedicalizados para la protección gástrica. En muchos casos habrá que revisar su ingesta durante largo tiempo, además de valorar la medición de parámetros de vitamina B12 en sangre, obteniendo como solución un aporte de este recurso si fuese menester.

Por todos los motivos expuestos, a pesar del mencionado estudio, concluyo que podemos decir sí al uso de omeprazol, pero con más control y seguimiento.